Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de marzo de 2009

cIncuenta

La gente está exhausta, infeliz y frustrada, la gente
es amarga y vengativa, la gente está engañada y temerosa,
la gente es iracunda y mediocre
y yo manejo entre ellos en la autopista
y ellos proyectan lo que les han dejado de sí mismos
en su manera de manejar.

Algunos más odiosos, algunos más disimulados
que otros.
A algunos no les gusta que los pasen, e intentan
evitar que otros los hagan.
Algunos intentan bloquear los cambios de carril.
Algunos odian los autos más nuevos, más caros.
Otros en esos autos odian los autos más viejos.

La autopista es un circo de emociones
chiquitas y baratas,
es la humanidad en movimiento, la mayoría
viniendo de un lugar que odia
y yendo a otro lugar que odia todavía más.

Las autopistas nos enseñan
en qué nos hemos convertido
y muchos de los choques y muertes son la colisión
entre seres incompletos, entre vidas penosas
y dementes.

Cuando manejo por las autopistas veo el alma
de mi ciudad y es fea, fea, fea: los vivos
han estrangulado
su corazón.

sábado, 21 de marzo de 2009

cUarenta y nUeve

La confusión es el dios
la locura es el dios
la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte.
La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.
No olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares, las cárceles
los suicidios de los amantes

cUarenta y oCho

Hoy conocí a un genio en el tren
como de seis años de edad;
se sentó a mi lado
y mientras el tren
corría por la costa,
llegamos al océano.
el niño me miró y me dijo:
el mar no es nada bonito.

Fue la primera vez
que me di cuenta
de ello.

jueves, 19 de marzo de 2009

cUarenta y sIete

Por el huevo roto en el suelo
Por el 5 de julio
Por el pez en la pecera
Por el viejo de la habitación nº 9
Por el gato sobre el muro

Por ti mismo

No por la fama
Ni por el dinero

Tienes que seguir luchando

Cuanto te haces viejo
Disminuye el atractivo
Es más fácil cuando se es joven

Cualquiera puede alcanzar
Las alturas alguna que otra vez
La clave consiste
en Resistir

Cualquier cosa que sirva
Para que esta vida siga bailando
Frente a Doña Muerte.

sábado, 21 de febrero de 2009

vEintiuno

¡Hombre del siglo XX!
¡El PREPOTENTE!
Conquistador de estrellas...
¡Amo y señor de la cibernética!
Vencedor de grandes barreras;
Superas a las aves en su vuelo
¡Dios del fuego y del trueno en gran cadena!
Por Einstein y por ti "enhorabuena"

Nada te detiene...
ni el aire, ni el agua ni el cielo,
casi todo lo dominas;
juegas con las ondas del sonido
y Hertz marcó otra senda que caminas.

¿Que has hecho con tu paladar?
¡Sólo comerciar!
Produces alimentos alterados
que intoxican sin piedad a todo humano;
sigue pues con tus hijos "endrogados".
Corre y sal a divertirte muy ufano.

La naturaleza es un portento
y complicas todo con lo artificial,
tu prisa es castigo, es tormento,
no vives, no gozas con tranquilidad.
Olvidas que eres humano y eres mortal

¡Hombre del siglo XX!
¡DECADENTE!
Fabricas bombas muy estilizadas
que respetan edificios y lo inerte;
no te importa destruir vidas sagradas,
ni dejar por doquier caos y muerte;
sólo importa tu ley:
¡LA LEY DEL MAS FUERTE!

En todas las filosofías has fallado,
el rico es más rico y el pobre
más pobre.
Hay guerras, carencias y vida insalubre;
la violencia surge porque hace falta trabajo
y el hombre sigue explotado por el hombre.

Sigue con tus humos y tus estridencias,
termina de una vez con tus sentidos
y acaba ya con tu impaciencia, anda...
¡NO TIEMBLES! ... Oprime el sin temor
aquel botón que dará fin a tu existencia.

¡Hombre del siglo XX!
¡INSOLENTE!
Reconoce, estás frustrado,
te lo digo frente a frente: ¡HAS FALLADO!
Hace tiempo que el rumbo perdiste.
¿Que has hecho con la fe y con el amor?
Y de tu Dios... Dime, ¿qué hiciste?

No busques caminos muy fáciles,
sé receptivo ante las fuerzas cósmicas.
Tu puedes surgir como los grandes
y cumplir fielmente con tu gran destino.

Sacúdete las programaciones falsas,
cambia las aberraciones de tu tiempo,
observa y cumple las leyes naturales
¡alza tu voz! y grita, ¡grita!
¡Grita! con todo tu aliento,
¡GRITA! QUE TODOS ESTÁN EQUIVOCADOS.

Tu espíritu es el hálito sagrado
que te hace superior a toda bestia,
reinvindícate como ente razonado,
refuerza la confianza y la fe en ti mismo,
Tienes que aceptar tu compromiso
liberando con valor tus egoísmos.

¡Hombre del siglo XX!
¡DETENTE!
Analiza tus poderes y tu origen,
la razón de tu existencia y de tu estirpe.
¿A caso tu destino es destruirte?
Deja ya de perseguir quimeras,
la luz de la verdad está en tu mente,
con ella podrás llegar a donde quieras.

No esperes encontrar paz en lo que tienes,
ni amor con actitudes agresivas;
la felicidad no esta muy escondida,
no la busques en bienes terrenales
sino en ti y en esa fe perdida.

Conjuga pues tu voluntad con reflexión,
energía, espíritu y mente
y de tus labios saldrá la solución
que te hará en verdad, ¡omnipotente!
¡hombre del siglo XX!

domingo, 15 de febrero de 2009

qUince

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.

Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.

Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!

A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.

Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...